Lunes 19 Agosto 2019

  

 

Comuna 15

  

En vísperas de un nuevo día del padre, la Asociación de Padres que Luchan por sus Hijos (APALUHI) con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conjuntamente con el Instituto para el Progreso Educativo Social (IPES) y otras organizaciones en defensa de los derechos de los niños, convocan a la sociedad en general a la JORNADA POR EL DÍA DEL PADRE EN DEFENSA DE LOS NIÑOS, a realizarse el próximo sábado 15 de Junio a las 15 horas en el mástil de Parque Centenario, sito en Avenida Díaz Vélez y Leopoldo Marechal, barrio porteño de Caballito.

 

El evento tiene previsto difundir la problemática de obstrucción de vínculos familiares luego de separaciones conflictivas, donde los niños quedan como rehenes entre sus progenitores. Contará con la presencia de padres separados, parejas, abuelos, y familias que defienden políticas contra la obstrucción parental, y bregan por los derechos de infancia, parentales y de familia.

La jornada cuenta con el apoyo de la Organización Latinoamericana de Derechos de Infancia “Unión Latam, Infancia Primero”, entidad que agrupa a 61 organizaciones civiles de 21 países, de la cual APALUHI forma parte.

Durante el próximo domingo 16 de junio, día del padre, muchos niños no podrán compartir la jornada con sus progenitores como consecuencia de alienación parental, falsas denuncias, turbación del régimen de comunicación, impedimento de contacto y sustracción ilegal, entre otros.

"Según estadísticas de la organización, una de cada tres familias sufre la obstrucción de vínculos y son muchos los niños que padecen graves problemas durante su desarrollo producto de este flagelo, entre los que podemos destacar, en las niñas: aumento de posibilidades de embarazos tempranos, divorcios y baja autoestima, además de abuso de drogas y de alcohol. En los niños: esta falta de figura paterna los hace más vulnerables que las niñas y tienen más riesgo de fracaso escolar, falta de control y agresividad" informan los organizadores.

"Se entiende al derecho a la identidad como un derecho humano, en tal sentido, el niño tiene derecho a mantener en forma regular y permanente el vinculo personal y directo con sus padres, aun cuando éstos estuvieran separados, conforme a la ley 26061, de protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes" agregan.

"De ocurrir un divorcio, las investigaciones demuestran que la relación padre-hijo puede acabar desapareciendo, existiendo dos tipos de ausencia paterna, la física y la psíquica, ésta ultima sería la que se da en familias matrifocales, donde el vínculo mas fuerte se da entre los hijos y la madre, y el padre queda desdibujado porque se considera de antemano que no puede ejercer adecuadamente ese rol, la familia más extensa es sola la de la madre y las mujeres son las que toman todas las decisiones importantes" concluyen.

Factores de riesgo para los hijos en el divorcio

A la hora de estudiar los efectos del divorcio en los hijos es difícil determinar si es el propio divorcio lo que les afecta o una serie de factores sociales que acompañan muy frecuentemente a la separación de las parejas. Entre los factores sociales destacan (Kalter et al. 1989):

Pérdida de poder adquisitivo. La convivencia en común supone el ahorro de una serie de gastos que se comparten. La separación conlleva una pérdida de poder adquisitivo importante.

Cambio de residencia, escuela y amigos. El divorcio de los padres conlleva cambios importantes en el entorno del hijo. Puede tener que cambiar de colegio, o de residencia. El impacto que tiene este factor en el desarrollo y ajuste social del niño es muy importante.

Convivencia forzada con un padre o con miembros de la familia de alguno de ellos. No siempre la elección del padre con el que se convive es la que el niño quiere. La familia de los separados apoya el trabajo adicional y aporta frecuentemente el apoyo necesario para que el padre que se hace cargo del niño pueda realizar sus actividades laborales o de ocio. Este factor conlleva una convivencia con adultos, muchas veces muy enriquecedora y otras no tanto.

Disminución de la acción del padre con el que no conviven. El padre que no está permanentemente con su hijo deja de ejercer una influencia constante en él y no puede plantearse modificar comportamientos que no le gustan los fines de semana que le toca visita. Por otro lado, el niño pierde el acceso a las habilidades del padre que no convive con él, con la consiguiente disminución de sus posibilidades de formación.

Introducción de parejas nuevas de los padres. Es un factor con una tremenda importancia en la adaptación de los hijos y tiene un efecto importantísimo en la relación padre/hijo.

Si se dan, además factores emocionales en los padres los efectos negativos en los hijos pueden multiplicarse. Por ejemplo:

Una mala aceptación del divorcio por uno de los padres puede llevarle a convivir con una persona deprimida u hostil.

Un divorcio conlleva de forma por su propia esencia una cierta hostilidad entre los padres. Cuando esa hostilidad se traslada a los hijos, intentando que tomen partido o que vean a la otra persona como un ser con muchos defectos, se está presionando al niño para que vea a su padre desde un punto de vista equivocado, porque tendrá muchos defectos; pero siempre será su padre. Si la hostilidad entre ellos persiste después del divorcio, es difícil que no afecte la convivencia con el niño.

Efectos de esos factores

Vamos a estudiar los efectos del divorcio, ya sean debidos a estos estos factores o el propio divorcio, Amato (1994) realizó un estudio resumiendo los efectos que se habían encontrado en los niños cuyos padres se habían divorciado y señala diferencias con los niños cuyos padres continúan juntos:

Bajada en el  rendimiento académico.

Peor autoconcepto

Dificultades sociales

Dificultades emocionales como depresión, miedo, ansiedad,…

Problemas de conducta.

Wallerstein (1994) ha realizado el seguimiento de 131 niños durante 25 años y ha encontrado que estos efectos del divorcio en ellos no se limitaban al periodo de duración del divorcio, sino que trascendían a toda su vida. Otros estudios confirman esta afirmación (Sigle-Rushton, Hobcraft y Ciernan, 2005).