Jueves 19 Julio 2018

  

 

Comuna 15

  

ggassCuando Intenet irrumpió en la vida cotidiana algunos pensadores contemporáneos como Manuel Castells imaginaron que el nuevo entorno digital tendría una arquitectura de libertad y que ese ecosistema ampliaría los márgenes de la democracia. Sin embargo, nada de esto ha ocurrido.

 

Experiencias prácticas como el sistema de inscripciones on line son un ejemplo claro de que las tecnologías también pueden ser usadas para el control social.

La utopía cibernética viene a cuento de una teoría que suponía que a mayor grado de información habría más democracia. Uno de los problemas reside allí. Como el ministro Esteban Bullrich nunca respondió a los pedidos de acceso a la información sobre el llamado 2014, nadie conoce cómo se diseñó la preinscripción para el 2015.

Ningún funcionario explicó cómo es el mecanismo de filtrado por computadoras del que surge un listado de escuelas con orden de prioridades según la ubicación geográfica. Así, el software decide de forma unilateral quién será el maestro de nuestros hijos, si el niño concurrirá a establecimientos con jornada simple o doble, o si se trata de una escuela especializada en algún idioma, por ejemplo.

La nueva modalidad abandona el contacto interpersonal y la atención a necesidades específicas como la prioridad de vacantes por violencia de género o conflictos propios de entornos disfuncionales, entre otros casos que requieren otros criterios que exceden un cálculo algorítmico.

A la fecha no existen estadísticas oficiales públicas sobre la cantidad de chicos que migraron hacia el sistema privado o quienes directamente se quedaron sin vacantes y no pudieron asistir a ningún establecimiento.

La falta de transparencia sumada a peligrosos valores selectivos  en la Ciudad de Buenos Aires, confirman que estamos ante un grupo de tecnócratas que carece de toda vocación por promover una sociedad en la que todos los niños tengan igualdad de oportunidades en  instancias claves de formación.

Así, el tecnologismo promueve el maltrato y la discriminación a quienes optan por la escuela pública, laica y gratuita, que curiosamente vuelve a transitar por problemas en la plataforma de preinscripción.

En contraste con el optimismo de Manuel Castells se destaca el análisis de miradas menos ingenuas como la de Lawrence Lessig, que desde fines del siglo XX advierte la tendencia hacia arquitecturas de control en las que el Código (software y hardware) opera como principal mecanismo de disciplinamiento y control.

A la fecha, uno de mis colaboradores ha intentado inscribir infructuosamente a su hija para el primer grado de ciclo primario. No aparecen errores de sistema en pantalla para que no queden rastros en cada uno de los intentos fallidos por completar los formularios. La línea 147 para reclamos lo deja en una larga espera, y ante la búsqueda del tiempo perdido cuando opta por llamar a un 0-800 exclusivo para insistir con la realización del trámite, encuentra la línea ocupada.

Claramente, estamos ante una arquitectura de control social en la que software y unos pícaros pre-diseñan con técnica quirúrgica nuestras futuras generaciones en base a un esquema binario bajo  par: inclusión-exclusión.