conservatorio manuel falla

El prototipo del estudiante nos muestra a alguien con apuntes en mano, una lapicera y un papel para anotar. Sin embargo, para miles de niños, adolescentes, jóvenes y adultos de la Ciudad de Buenos Aires, estudiar implica pasar horas y horas frente a un instrumento o hablando otro idioma: el musical. Son los aprendices de músicos que concurren a las escuelas especializadas o a los conservatorios que se hallan en suelo porteño.


Aunque la oferta no es numerosa en cantidad de institutos, existen múltiples propuestas. Hay dos grandes conservatorios, el Astor Piazzolla y el Manuel de Falla, con cerca de 2500 alumnos cada uno, entre la mañana y la noche. El primero es heredero del antiguo Conservatorio Nacional, que se traspasó a la órbita porteña en 1992 y que había sido fundado en 1924 por Carlos López Buchardo. El segundo es todavía más antiguo: data de 1919.


Sedes y estructuras


El Astor Piazzolla cuenta con sede propia, ubicada en Sarmiento 3401 (privilegio que no logra conseguir el Falla). A esta se añaden cinco subsedes: en el Microcentro, Palermo, Villa Crespo, Caballito y Boedo. “Es una gran traba porque los estudiantes tienen que ir y venir de una sede a otra, y administrativamente nos duplica cargos de regencia y secretaría”, plantea Marcos Puente Olivera, su director.


Lograr la sede única es un anhelo histórico de la comunidad del Falla. “Se han planteado varios proyectos. Nosotros buscamos edificios e hicimos propuestas, pero nunca tuvimos respuesta. Solo en época de Ángel Mahler como ministro se avanzó algo, pero quedó ahí”, lamenta.


Ambos conservatorios tienen una estructura similar. “Contamos con tres turnos de distintos niveles académicos: desde la gente que entra sin saber nada de música –niños, adolescentes o adultos– hasta la instancia de posgrado, pasando por un nivel medio, y el terciario, donde reunimos tecnicaturas y profesorados”, dice Marina Calzado Linage, directora del Piazzolla. “Al ser [la institución] muy joven, fue posible desarrollar carreras nuevas, más modernas. No tenemos una estructura súper rígida en cuanto a la música clásica, como se puede pensar de un conservatorio, y de hecho se eligió en la comunidad como nombre de la institución el de un artista que atravesó tanto la música clásica como la popular”, argumenta.


El Manuel de Falla también se destaca por su amplitud en la oferta académica: incluye música antigua, jazz, música popular argentina, tango, folklore, etnomusicología y producción musical didáctica, además de las clásicas.


“Una mina de oro”


El aprendizaje de la música no es sencillo y por ello puede ser comparable a un deporte. “Vos podés tener a alguien que juega los fines de semana o a alguien que desee estar federado en River y realizar sus divisiones inferiores. El Conservatorio es como si fuera esto último, un lugar de formación donde se trabaja con esa meta, con ese punto de vista, y por eso suele absorberse a gente con una vocación definida. Es una carrera larga como puede ser arquitectura, y es cierto que hay una parte que es netamente física de la práctica: hay que tocar por cantidad de horas un instrumento para poder perfeccionarlo, no puede acotarse”, indica Calzado Linage.


“Aprender música es como un lenguaje. Hay distintos niveles. En el inicial se brinda a las personas los elementos básicos de lenguaje musical e interpretación de instrumentos. En nivel medio se agregan experiencias grupales e historia de la música y, por último, está el de formación profesional. Nuestro perfil de egresado es el de músico docente o productor/compositor, pudiéndose insertar en el ámbito laboral tanto a nivel docente como artístico”, indica la directora del Piazzolla.
Amén de la formación en docencia, está el desafío de pensar una salida laboral desde la propia licenciatura. “En nuestra sociedad se considera al artista como un bohemio que vive del aire. Por eso, nosotros tratamos de montar espacios permanentemente para que se luzcan los estudiantes y también la propia institución. Nosotros sentimos que es como una mina de oro que desde afuera no se logra ver en todo su potencial”, dice el máximo directivo del Falla.


“Estamos pasando por una muy mala época”


En lo administrativo, los conservatorios sufren un grave inconveniente que incide en su cotidianeidad y lleva a que su planta laboral esté en estado de asamblea y con un gran descontento. "El 60% del personal docente está de modo interino, porque hace 12 años se hizo la última titularización. Esto genera que haya muchos cargos sin cubrir, porque para presentarse en concurso es necesario ser titular, por lo que están vedados los ascensos. Los docentes se ven también afectados en sus derechos, porque, por ejemplo, no pueden acceder a licencias sin goces de sueldo para hacer algún curso de perfeccionamiento, porque no están admitidas en interinatos”, cuestiona Calzado Linage.


Desde el Falla, que vive la misma realidad, el tono es aún más duro hacia la Dirección General de la Enseñanza Artística, organismo dentro del Ministerio de Cultura del que dependen en la gestión porteña. “Estamos pasando por una muy mala época, sin ningún tipo de comunicación. Nos faltan insumos de todo tipo, desde papel higiénico hasta hojas para firmar las planillas. Hicimos recientemente un concierto en la Feria del Libro y no nos quisieron pagar el flete. Y para el Centenario del instituto, el ministro no nos envió siquiera un mail de salutación. No estamos para nada en agenda”, denuncia Puente Olivera.


Desde UTE-CTERA, a comienzos de mayo realizaron acciones para visibilizar esta situación. Los frentes de los establecimientos fueron empapelados con intervenciones artísticas exigiendo la titularización inmediata. “Estar de interino te dificulta hasta sacar un crédito, es una enorme pérdida de derechos para los trabajadores. No hay ninguna erogación presupuestaria, esto es parte de la política que viene llevando adelante el Gobierno de la Ciudad. Tampoco en la ley que se sancionó hace unos días sobre el estatuto docente se hacía mención a los institutos de cultura. Acá hay una política educativa de bajo presupuesto, y año tras año disminuye. Es propio de la gestión macrista, con escasa o nula inversión en educación”, plantea el secretario de Cultura del sindicato, Carlos Guerrero.


Sobre este asunto, a finales de 2021 se presentó un proyecto de ley, de la mano de la entonces legisladora María Rosa Muiños, que busca reformar la Ordenanza 36.432 de 1981 –que creó el Estatuto del Docente para Áreas de Enseñanza Específica– garantizando un mecanismo de estabilidad a futuro que permita la titularización del personal actual en condiciones de obtenerla y evite que se repita algo similar en adelante. Pese a los meses pasados, aún está en la Comisión de Cultura.