Hérnan Casciari es un escritor que surgió de la blogsfera. Internet fue el espacio que encontró para desarrollar su pasión desde Barcelona. Sus cuentos y novelas no pasaron desapercibidos, creando una comunidad tan grande de lectores que empezó a llamar la atención de los grandes medios de Argentina y de España. También llegó a escribir para Gasalla. Hoy, el creador del blog y la Editorial Orsai, vive en Villa Ortúzar, donde organiza sus nuevos proyectos, como La Noche de los Dibujantes, que el 29 de este mes juntará a una treinta de destacados artistas.

 

Hernán Casciari está vital, animado, enérgico. Casi en una segunda juventud. La última navidad Papá Noel le dejó un infarto de regalo y cuando todo parecía complicarse, él lo simplificó: cambió España por Buenos Aires, reorganizó proyectos y emprendió caminos nuevos, como subir a escena y hablar de su familia en el espectáculo: Obra en construcción, la cual se verá en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, barrio en el que vivió antes de radicarse por una década y media al otro lado del Atlántico.  El 29 de este mes junto a ADA organiza La Noche de los Dibujantes, donde una treintena de artistas compartirán una “fecha de entrecasa” e ilustrarán para el público. Hoy afirma que: “tener un infarto es recomendable”

 

Historia de un hombre que volvió a Villa Ortuzar

La localidad bonaerense de Mercedes fue su cuna y también su escenario para las aventuras literarias que narra en cuentos orales y escritos. Aún así, no la piensa como un sitio de regreso. Allí escribió, a los 13 años, sus primeros textos periodísticos. A los 17 partió a Capital motivado por un “espíritu rebelde lleno de inquietudes”. Bolso en mano, se instaló en Villa Urquiza y en Villa Ortuzar después. Por esos años de primera juventud para ganarse la vida se presentaba en certámenes literarios locales e internacionales. “Investigaba al jurado y escribía en base a lo que creía les iba a gustar”. Entre tantos otros, dio en la tecla para un certamen francés y cuando fue a buscar el premio a París terminó por conocer a quien fue su esposa y madre de su hija.

Con otro bolso en mano se subió a un avión y aterrizó en España. Durante más de 15 años residió en un poblado ibérico. Se reinventó y pasó de ser un “caza concursos” a tener un emprendimiento de clipping sobre periodismo económico. “Ante la nueva situación, me dije: no voy a ser escritor, mala suerte. Armé un blog y escribí para la gente de Mercedes”, evoca. En las horas libres creó en internet la novela digital “Weblog de una señora gorda”. Escribía para que lo leyera su gente, pero luego aparecieron lectores anónimos que comentaban y corrían la voz. Sin saberlo, Casciari, a fuerza de relatos humorísticos y catárticos, había dado con uno de los puntos más importantes de su vida: hacer comunidad. “Fue lo mejor que me iba a pasar”, cuenta sobre el antecedente y la idea fuerza que guió el proyecto Orsai.

 

Una desilusión que devino en proyecto de vida

Posteo a posteo, llegaron los llamados de la prensa primero y luego los de las editoriales. La experiencia mutó en el espectáculo: Más Respeto que Soy tu Madre, interpretada por Antonio Gasalla, uno de los grandes éxitos de público en el Teatro Contemporáneo Argentino. El libro también hizo grandes números. Casciari, quien había creído en un momento de su vida que no iba a escribir más y ahora gozaba de aquel esplendor, mechado con textos suyos aparecidos en los diarios más importantes de Iberoamérica. También encontraba un problema: “Las editoriales tienen un sistema de trabajo ancestral que ni queriendo lo pueden cambiar. No le ponen ganas. Me juntaba en almuerzos a ver cómo se hacía la tapa, con qué tipografía. Iba con la ingenuidad y el fervor de quien hacía sus primeros libros. Eran oficinistas que hacían 1500 libros y estaban ahí porque había que estar, como si fuera un trabajo feo”. También contó que muchas veces le facturaban por debajo de los números reales. Igual insiste: “Si le hubieran puesto ganas, me quedaba”.

“Qué bueno estaría hacer mis libros y que del otro lado haya gente que le guste hablar de cómo hacer portadas”, fue el planteo con el que Casciari volvió a hacer comunidad. Se puso en contacto con colegas dibujantes, escritores, diagramadores. Nació entonces la editorial Orsai, que ganó visibilidad con una revista escrita y dibujada por grandes referentes del periodismo, la literatura, el arte. Para Casciari significó trabajar “con amigos que laburaban por amor a lo que hacían”.

Orsai luego decantó en muchos proyectos, desde un bar cultural en San Telmo (que tuvo un breve paso por San Cristóbal), una universidad en Villa Pueyrredón y muchos libros editados, varios de Casciari y títulos como “El amor es un perro verde” de Tute, junto otros tantos. La revista se distribuyó en toda Latinoamérica. Llegó a regiones donde “las grandes editoriales las relegan porque alegan que no son rentables”. Cuando los números de Orisai no cerraban, Casciari ponía la diferencia con regalías de “Más respeto…”, pero se aseguró cumplir la palabra con los lectores, con la comunidad.

Un presente porteño y concurrido

 

Una obra en construcción: es el proyecto reciente. Un espectáculo experimental que mecha la narración humorística sobre la familia, tópico explotado en: Más respeto que soy tu madre. Chichita, madre de Casciari, sube a escena . “Con esta obra vamos a estar en el Teatro que quiero, el 25 de Mayo de Villa Urquiza. Para mí es el más lindo, es recuperado por los vecinos. Desde que tengo conocimiento de esa lucha quiero hacer la obra ahí”, explica el escritor.

Otra apuesta de Orsai se verá el 29 de este mes en Santos 404. Allí la editorial y ADA (Asociación de Dibujantes de Argentina) organizan un encuentro donde los asistentes podrán comprar hojas membretadas para que una treintena de grandes artistas les dediquen bocetos e ilustraciones.

Entre los confirmados están Alcatena, Altuna, Daniel Paz, Diego Parés, Erlich, Garaycochea, Gustavo Sala, Isol, Langer, Liniers, Lito Fernandez, Lucas Nine, Lunik, Maicas, Maitena, Mandrafina, Max Aguirre, El Niño Rodriguez, Ignacio Noé, Quino, Rep, Risso, Sáenz Valiente, Sendra y Tute. Sobre el escenario se presentarán Kevin Johansen, Gillespi y Zambayonny, entre otros.

 

Comunidad, obsesión y nuevas formas de ir al supermercado 

Aparte de hacer comunidad, Casciari señala que “la obsesión, si se la cuida, encuentra rentabilidad”: “Veo que hay gente que casi se convierte en la gente que labura en editoriales sin que les guste el laburo. Gente que intenta que algo de lo que hace funcione sin disfrutar el camino. Ahí está todo. A mí me parece que cualquier cosa que hagas, donde realmente no te importe si vas a vivir de eso, sino que lo hacés porque no lo podés dejar de hacer, tarde o temprano va a funcionar. No te tiene que importar si algún día vivirás de eso. Buscate un laburo choto. Pero dale. Buscate para tener una o dos horas para hacerlo. Tarde o temprano funciona desde otro lado. No importa qué a priori te reditué”. “Es muy frustrante matar tu obsesión, no hay que meterla bajo la alfombra. Con los años se pudre dentro tuyo y te pudre a vos”

 

“Por suerte. Encuentran rentabilidad. No me sentía escritor cuando publiqué porque tenía 13, me sentí cuando mi viejo vio el cheque que recibí por algo que escribí. Podes hacer cosas hermosas mientras no vayas al supermercado y con eso compres lo que le da de comer a tu familia, es un hobby. Me parece que lo que genera internet (el comercio electrónico, el crowdfunding) con suerte y estrategia, con gente copada que sepa de programación y diseño, uno puede ser músico, poeta, astrónomo, lo que se te ocurra.Ya no te dice un tipo de una editorial o una discográfica sentado en un escritorio si servís o no. Subís seis meses canciones a Youtube. Ahí ves si pega o no. La gente está tratando de encontrar todo el tiempo cosas para ver”, dice Casciari. Hace un contrapunto con millonarios de la música, como Enrique Iglesias: “La industria compra radios y mete por lobotomía sus canciones, por eso es millonario, no porque era bueno”. Los pibes que vienen, los que son más o menos buenos tienen un grupo de gente que los van a ver a Floresta o donde sea, le compran un disco o pagan una entrada. Esos pibes al día siguiente van al mercado a comprar la comida y si les preguntan qué hacen ellos dicen “Soy músico”. La industria se queja de que Iglesias no gana el millón de antes. La plata ahora la gana más gente en otra proporción. De eso se trata genera comunidad”.