El espacio está ubicado en el Pabellón Central de la Facultad de Agronomía y guarda pintadas realizadas por estudiantes antes de la última dictadura, junto con las marcas que dejó la Triple A al intentar cubrirlas. Después de permanecer cerrado durante décadas, ahora forma parte de la Red de Museos de la Universidad de Buenos Aires.

En la Facultad de Agronomía hay un lugar que parece haberse quedado detenido en el tiempo. Sus paredes conservan inscripciones que dejaron estudiantes en los años 70, cuando la actividad política y la militancia formaban parte de la vida universitaria. También están las huellas de quienes intentaron taparlas. Ese lugar es El Altillo, que acaba de ser incorporado oficialmente a la Red de Museos de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La decisión le da un nuevo reconocimiento a un espacio que tiene mucho para contar sobre la historia de la Facultad y de una época marcada por la persecución política, la violencia y el silenciamiento de distintas voces.

Ubicado sobre el Salón de Actos del Pabellón Central, El Altillo funcionó como punto de encuentro de agrupaciones estudiantiles antes de la última dictadura cívico-militar. Allí se reunían, debatían y organizaban actividades. Parte de aquella historia quedó escrita en sus paredes.

Las marcas que sobrevivieron al paso del tiempo

Hacia fines de 1974, en un contexto de creciente persecución, los estudiantes que utilizaban el lugar tuvieron que abandonarlo. Antes de irse, dejaron consignas, símbolos de sus organizaciones y un mensaje que expresaba la esperanza de volver.

Después, integrantes de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) cubrieron esas pintadas con cal blanca y dejaron sus propias marcas sobre las paredes.

Durante casi cuatro décadas, el espacio permaneció cerrado y fue utilizado como depósito. Con el paso de los años, aquellas inscripciones quedaron ocultas, hasta que en 2015 un grupo de estudiantes volvió a encontrarlas y comenzó a impulsar la recuperación del lugar.

El descubrimiento permitió rescatar testimonios materiales de una etapa de la historia argentina que también atravesó de lleno a las universidades.

De un espacio olvidado a un sitio de memoria

La recuperación de El Altillo fue avanzando con trabajos de conservación y restauración, mejoras en la accesibilidad y la incorporación de documentos y una línea de tiempo que ayuda a comprender lo que sucedía en la Facultad, en el país y en el mundo durante aquella década.

En 2017, las autoridades de la Facultad y de la UBA ya lo habían declarado de interés institucional y Espacio de Memoria. Ahora, su incorporación a la Red de Museos de la Universidad representa un nuevo paso para preservar y difundir ese patrimonio.

La importancia de El Altillo no está solamente en los objetos o las inscripciones que conserva. También está en la posibilidad de acercar esa historia a nuevas generaciones, para que quienes hoy estudian en la Facultad puedan conocer lo que ocurrió allí y entender cómo los conflictos políticos de aquellos años afectaron la vida universitaria.

Una historia para conocer en La Noche de los Museos

Quienes quieran conocer este espacio tendrán una oportunidad el sábado 14 de noviembre, cuando El Altillo participe de La Noche de los Museos de la Ciudad de Buenos Aires.

La apertura permitirá que más personas se acerquen a un rincón de la Facultad que durante muchos años permaneció fuera de la vista y que hoy busca mantener viva la memoria.

Para Agronomía, la noticia también tiene un valor especial: dentro de uno de los edificios más representativos de la zona se conserva una parte de la historia reciente del país. Una historia que permaneció oculta durante décadas, pero que todavía tiene mucho para decir.