En medio de la transformación gastronómica de Villa Crespo, hay un clásico que no necesita luces de neón para destacar: Don Jorge, una parrilla de barrio cuya estrategia ha sido siempre la misma: dar de comer bien, con sentido común y precios razonables. Una carta pequeña, plastificada en una hoja A4, sin ambiciones de estrellato, solo platos queridos y familiares que siguen conquistando paladares generación tras generación.


Desde los tradicionales chinchulines hasta el matambre a la pizza, pasando por cortes jugosos como el vacío o el asado banderita, cada bocado es generoso y pensado para compartirse. Y con una botella de vino modesta y agua, podés armar una cena completa por unos $25.000 por persona, incluyendo postre casero para cerrar en buena compañía.

Un lugar para reencontrarse en el barrio

Don Jorge no busca colgarse medallas; ya tiene la suya. Es el espacio confiable para la banda que va a ver un recital, para las familias que buscan una cena sin vueltas, o para quienes quieren recuperar ese sabor de encuentro íntimo que hoy parece escasear.

Don Jorge queda en Villarroel 1201. Abre de lunes a sábados, al mediodía y a la noche.

Su historia

Fundada en 1989 por Jorge De Felippe, la parrilla Don Jorge nació como un emprendimiento familiar en la esquina de Villarroel y Darwin, en pleno Villa Crespo. En tiempos en que el barrio todavía no estaba en el radar gastronómico porteño, el local se hizo un lugar apostando a lo simple: una carta breve, plastificada en una hoja, con cortes clásicos, porciones abundantes y precios razonables. Con los años, sin dejarse tentar por modas ni estrategias de marketing, se convirtió en un punto de referencia para vecinos, familias y grupos de amigos que encontraron allí un espacio confiable donde comer bien sin vueltas. Tres décadas después, sigue siendo parte de la identidad crespense: una parrilla que se sostiene en la tradición y en el valor de lo genuino, más allá de las luces del circuito gourmet.