Mucho antes de tener un emprendimiento propio, Martín Bizzozero pasaba los domingos junto a su abuelo Alejandro, entre harina, masa y una vieja Pastalinda. Aquellas jornadas familiares terminaron convirtiéndose, con el paso de los años, en el punto de partida de una historia que hoy continúa en Parque Chas.
Alejandro era quien hacía las pastas y Martín, todavía niño, ayudaba con lo que podía. No había recetas escritas ni medidas precisas: su abuelo conocía cada paso de memoria y fue transmitiéndole, de manera casi natural, los secretos del oficio.
Entre esas mañanas también quedaron pequeños recuerdos que Martín todavía conserva. Su abuelo, además de cocinar, era carpintero y había construido con sus propias manos una tablita para hacer ñoquis. La cocina, entonces, no era solamente un lugar donde se preparaba la comida: era un espacio de encuentro entre abuelo y nieto.
Con los años, aquella curiosidad de la infancia se transformó en una profesión. Martín decidió formarse y profundizar sus conocimientos sobre la pasta, hasta viajar a Italia para conocer de cerca las técnicas y tradiciones de la elaboración artesanal.
Pero el proyecto propio llegaría después. En 2020, durante la pandemia, comenzó a vender pastas a domicilio y llegó a despachar unas 200 cajas mensuales. Más adelante trabajó en Benedetta, un restaurante destacado por la Guía Michelin, donde estuvo a cargo de la elaboración de pastas.
En ese recorrido volvió a encontrarse con Mario Federico Álvarez, quien posteriormente se convirtió en su socio. Juntos comenzaron a darle forma a una idea que finalmente tomó cuerpo en Parque Chas: Allora Pastas.
El local y la planta matriz de Allora Pastas funcionan actualmente en Av. de los Incas 4691, Parque Chas, desde donde elaboran y comercializan sus productos.
La propuesta combina la tradición de la pasta artesanal con una búsqueda propia. Entre sus productos aparecen ravioles de osobuco braseado y pastas elaboradas con ingredientes naturales que permiten obtener diferentes colores y formas.
Actualmente, el emprendimiento produce entre 2.000 y 2.500 cajas mensuales y busca continuar creciendo. Pero detrás de esos números permanece una historia mucho más sencilla: la de un chico que aprendió a hacer pasta junto a su abuelo y que, muchos años después, convirtió aquellos domingos familiares en un proyecto propio.
“Cada vez que una familia se sienta a comer una pasta de Allora Pastas, siento que aquella mesa de los domingos se hizo un poco más grande”, cuenta Martín.
Y quizás ahí esté la parte más interesante de esta historia: que aquello que comenzó alrededor de una mesa familiar terminó encontrando un nuevo lugar en Parque Chas.
Con el tiempo, la historia de Martín también se convirtió en la de un emprendimiento que busca mantener vivo un oficio y, al mismo tiempo, darle su propia identidad. Una tradición que comenzó en familia y que hoy continúa creciendo desde un rincón de Parque Chas.